AndalOcio Córdoba



A Roma con Amor: La belleza de la ruina

Francisco Manuel Sánchez (Chico)

16.10.12 | 12:24h.

 

Francisco Manuel Sánchez (Chico) escribe para Andalocio su visión sobre la esperada película de Woody Allen.

La ciudad eterna y el cineasta eterno, y ambos sufren del mismo mal, por eternos, se muestran decadentes. Lo que antaño fueron monumentos majestuosos a mayor gloria de un imperio, ahora son ruinas ajadas que sobreviven en su ruinosa senectud. Algo parecido le pasa a los rasgos de estilo del director Neoyorquino, lo que antes fue frescura e ironía, ahora se antoja anquilosamiento y pedante impostura. Y, en ambos ejemplos, aun podemos disfrutar de una belleza pretérita, pero necesita del esfuerzo melancólico del observador comprensivo.

'A Roma con amor', sólo nos podemos acercar con eso, con amor. Si vamos con los cuchillos afilados de la crítica, sólo veremos las ruinas y nunca los vestigios del imperio. No podemos olvidar que se trata de una película de Woody Allen, aquel judío enjuto y neurótico que nos hizo pensar y reír en el pasado, y así tenemos que aproximarnos al film, con la empatía suficiente para intentar reconocer al gran cómico en esa suerte de abuelo charlantán en la que se ha convertido. Quizás lo más estimulante de la película es la autoconsciencia del autor de Annie Hall de sus limitaciones y nuevas imposturas. Su personaje es más él que nunca, un estadounidense superado por la ancestral cultura europea, a la  que ama profundamente, pero incapaz de entender en su esencia. Su incapacidad de empatizar con un enterrador dotado de una voz prodigiosa bajo la ducha, es la metáfora perfecta de la imposibilidad del norteamericano de discernir entre el ser y el estar del hombre mediterráneo.

Aún podemos encontrar frases geniales en los incisivos diálogos de Allen y rastrear cargas de profundidad crítica: esa prostituta que afirma conocer perfectamente el Vaticano. Pero el guión parece más la primera versión de un borrador que un libreto lo suficientemente pulido como para convertirse en imagen en movimiento.

Las mutaciones de las estructuras narrativas más convencionales que han hecho famoso al realizador con títulos tan estimulantes como La rosa púrpura del Cairo o Desmontando a Harry, se pueden encontrar en la fantástica historia de un triángulo amoroso protagonizada por un fantástico Alec Baldwin, un personaje que navega entre la difusas fronteras de lo diegético y lo extradiegético, lo presente, lo pasado y lo futuro.

El resto de historias muestran a un Allen más rutinario, si bien es verdad, que la protagonizada por Roberto Benigni empieza como un acercamiento al absurdo existencial de Beckett y termina destruyendo el discurso por el abuso del trazo grueso, y los excesivamente explicativos diálogos.

Quizás lo más irritante es el descuido formal del que hace gala  en este film el director de Balas sobre Broadway. Horribles encuadres donde ahoga a los personajes, desenfoques, imprecisos movimientos de cámara y una fotografía que no aprovecha nada la belleza de la ciudad. Pero ya estamos sacando el cuchillo, así que volvamos al redil y disfrutemos de esa belleza romántica y decadente que tiene toda ruina. Quien amó la belleza sabrá apreciar sus huellas desgastadas por el implacable paso del tiempo.




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