AndalOcio Córdoba



Los Amantes pasajeros: metáfora de un tiempo a la deriva

Francisco Manuel Sánchez (Chico)

13.3.13 | 11:40h.

 

Francisco Manuel Sánchez escribe para Andalocio su visión sobre la última película de Pedro Almodóvar pocos días después de su estreno.

Alejarse del realismo para alcanzar la realidad, esa era la máxima de uno de los cineastas más influyentes del la historia del Séptimo Arte, Serguéi Eisenstein, y sin duda es perfectamente aplicable, en su literalidad, al cine de Almodóvar.
 
Quien busque anclajes realistas, verosimilitud, lógica, algún asidero a Los amantes pasajeros, estará perdiendo el tiempo, no lo hay. La aerolínea Península no se parece a ninguna del mundo y , sin embargo, en ella viajamos todos los ciudadanos de este país a la deriva, volando en círculos sin encontrar pista de aterrizaje. Qué duro es mirarse en los espejos deformantes del callejón del gato, es más fácil matar al mensajero, quebrar el cristal aberrante al que esta comedia negrísima nos enfrenta.
 
En esencia, las películas de aviones, son historias de un aterrizaje, es lo único inalterable de una trama aérea. Y en ese aterrizaje forzoso en off, sobre las imágenes del cadáver exquisito de nuestra joven democracia, se encuentra encerrado el mensaje que quiere darnos este genio del despiste: la fiesta de los 80´s acabó, se agotó el agua de Valencia. Al final del viaje, de la catarsis de un pueblo, de la apertura de los armarios, no hay nada, solo el silencio y la ruina que habita en uno de los aeropuertos fantasma de este país.
 
No es una película que vuelva a los 80´s. Es la película de alguien que ejerció la libertad creativa en aquella época y contempla desde el cielo del recuerdo (deformante, anfetamínico y deliberadamente kitsch) hasta donde no hemos llegado.

Entre el despegue en elipsis y el aterrizaje en off, nos encotramos una disparatada ¿comedia? donde los chistes escatológicos se mezclan con el humor autoreferencial y autocomplaciente de Almodóvar. Diálogos brillantes, como los protagonizados por Antonio de la Torre y Hugo Silva se mezclan con fragmentos menos inspirados. Pero que más da, si la clase turista duerme (que metáfora tan precisa) tan profundamente que hasta la pueden violar sin que se de cuenta. Sentados en hileras, narcotizados, en la oscuridad y detrás de una clase business que los ignora. No da más.
 
¿Es la comedia el vehículo y el mensaje político el fin? ¿Es a la inversa? No importa. Lo que importa es que este viaje no va a ninguna parte. Nunca algo tan poco realista como Los amantes pasajeros estaba cargado de tan oscura y reveladora realidad.



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